Acertar en la elección del sofá

Pieza básica en el salón, debe reunir dos requisitos: comodidad y resistencia

El sofá suele ser la pieza del mobiliario más voluminosa en cualquier zona de estar, lo que determina la decoración y el estilo final de un ambiente.

Para elegir su forma y capacidad, es importante estudiar el espacio del que disponemos. Las medidas estándar de un sofá de dos plazas se sitúan entre los 140 cm y los 175 cm y el de tres plazas no supera normalmente los 220 cm. Los modelos de cuatro plazas sólo son aconsejables en espacios de más de 40 m2.

En salones pequeños se gana espacio si se colocan en L, apoyados en la pared. Para el largo hay que medir la pared dónde irá colocado, retándole 90 cm para asegurar que no quede encajado y poder colocar alguna mesita auxiliar.

En espacios vacíos de por lo menos tres por dos metros se pueden colocar los asientos en ángulo., creando una L, o escoger un modelo rinconero; y en ambientes amplios con más de cuatro metros de pared a pared se admiten mayor número de posibilidades, colocando los sofás enfrentados, en paralelo (con un mínimo de 150 cm entre las piezas) o disponiendo los asientos en U.

Valorar el armazón

Antes de adquirir un modelo, es necesario estudiar la calidad del sofá, con especial atención a su estructura o armazón, relleno, asientos, brazos, respaldo y cojines.

Existen dos tipos de estructura: metálica y de madera. Las metálicas suelen tener alma de acero o hierro y son más resistentes a golpes y los traslados que los de madera. Por el contrario, las de madera, especialmente los de pino, son muy flexibles y no suelen ceder con el uso continuado siendo más difícil que se rompan cuando reciben golpes bruscos que las maderas macizas.

En cuanto a las patas, suelen presentarse unidas directamente a la estructura o simplemente atornilladas. Esta última opción es más cómoda ya que si con el transcurso de los años se astillan se pueden cambiar por otras sin alterar el aspecto general del sofá.

Junto a la estructura, la comodidad depende de la dureza de los asientos y de los respaldos.

Relleno y densidad

El tipo de relleno y la densidad es fundamental para no notar el armazón cuando se esta sentado. El de espuma o gomaespuma, el más económico, debe disponer de una densidad mínima de 30 kg en el asiento y 20 kg en el respaldo. El de relleno de pluma, el de mayor calidad, el de oca es otra opción a tener en cuenta.

Suele tener un inconveniente: se deforma al sentarse por lo que debe ahuecarse con frecuencia. Si pierde volumen, además, se ha de rellenar aproximadamente cada cinco años. La fibra sintética no necesita ahuecarse y el asiento recupera su forma original al levantarse. Aunque es muy práctica, es aconsejable combinar las plumas en el asiento con los respaldos de fibra.

Aunque el latex se utiliza en fabricación de colchones, actualmente muchas firmas lo incorporan como relleno.

Es un material caro pero muy transpirable y antialergénico, que no se deforma con el uso y evita la proliferación de ácaros y de polvo en la estructura externa.

A la hora de elegir el modelo de sofá que mejor se adapta a nuestras necesidades, es importante, probarlo durante 10 minutos comprobando que los pies se apoyan cómodamente en el suelo. También se ha de verificar la firmeza de los brazos y respaldo, y que los cojines sean especialmente mullidos y estén tapizados por las dos caras. Si disponen de fundas, los dobladillos deben ser anchos para que no encojan con los lavados.

La altura más idónea

Para sentarse cómodamente una persona de 175-180 cm de estatura precisa un sofá de 90 cm de fondo y entre 85 95 cm de altura.

Aunque los nuevos diseños suelen ser más bajos (75-85 cm), los que superan el metro de altura, indicados para personas más altas, resultan muy voluminosos y se han de arrimar a la pared para que no empequeñezca el espacio colindante.

Los sofás actuales disponen de líneas rectas y ligeras con respaldos semicirculares respaldos bajos, tipo chester, o con respaldos muy altos y reposacabezas articulados que se prolongan hasta convertirse en cómodos reposabrazos. Una opción práctica para hacer más cómodo un respaldo bajo y elevarlo es colocar cojines tapizados sobre los almohadones.

Claves para elegir la tapicería.

La resistencia a la abrasión de una tela, indicado en muestrarios y catálogos, advierten sobre el roce y el desgaste, punto fundamental a la hora de decidirse por una u otra tela.

La resistencia no depende del grosor sino de que la urdimbre de la tela tenga de los hilos apretados. Este detalle puede verificarse tensando la tela y comprobando que la rama no se deforma. También es importante estudiar el mantenimiento del tejido ya que la delicadeza de la tapicería influirá en su duración a largo plazo.

Hay que tener en cuenta que algunas telas, cono un brocado, un madrás o un ikat, precisan lavado en seco en la tintorería, lo que supone además un coste adicional, por lo tanto, es imprescindible que no se manchen con facilidad y que el lavado pueda hacerse en casa. Algunas telas incorporan de fabrica tratamientos especiales que repelen la suciedad, la grasa y los líquidos, por lo que están especialmente indicadas en casas con niños.

Entre las telas más resistentes destacan el algodón 100%, las fibras sintéticas, las microfibras, las lonetas, los damascos y los terciopelos.

El algodón, que se distingue por su aspecto natural, es una de las fibras más versátiles y ofrece una extensa gama de pesos y texturas.

Respetar el estilo general

El estilo de la decoración del ambiente en el que se vaya a colocar el sofá también es determinante a la hora de elegir una u otra tapicería. Si se dispone de muebles funcionales es aconsejable elegir tejidos naturales y frescos, con algodones y linos en tonos crema u ocres, o telas estampadas que coordinen con el resto de textiles.

Antes de adquirir una tela se ha de observar sobre el sofá el efecto de la textura, del color, que cambia durante el transcurso del día, y del tacto, que ha de ser especialmente suave para sentirse a gusto.

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