Casas que favorecen

Los lugares donde vivimos, trabajamos y nos relacionamos, las casas de las que nos rodeamos determinan nuestra existencia.

Por eso, es importante crear las mejores condiciones para favorecer nuestro bienestar y capacidad de desarrollo personal.

“Si cambias dónde y cómo vives, cambiarás tu vida” (B. Lipton)

La materia es energía en movimiento interactuando con el entorno; y también nosotros somos energía, y estamos continuamente interactuando con lo que nos rodea. Las investigaciones con células madre clonadas demostraron que el ambiente en que se encuentran las células           determina su destino, salud o deterioro. Los átomos son “pequeños tornados de energía” que  crean campos de fuerzas invisibles que moldean la materia. Según sea la frecuencia y afinidad entre las ondas de campos que interaccionan entre sí van a contrarrestar o van a amplificarse. Por tanto, es importante crear un entorno que nos potencie y beneficie al máximo, espacios interiores y exteriores hechos para la vida, que permitan desarrollar lo mejor de quienes los habitan.

Adoptar hábitos de vida sostenibles es un modo de sentirse bien con uno mismo y con su entorno. Un buen ejemplo de ello son las casas bioclimáticas.

Además de cuidar el planeta: salud interior.

Los materiales naturales aportan sensaciones reconfortantes al tacto, la vista y el olfato. Madera, piedra hormigón, mimbre, algodón, lino…son nuestros mejores aliados.

Ambientes positivos: espacios que acarician los cinco sentidos

El entorno puede ayudarnos a desarrollar nuestro potencial humano o ser un obstáculo para nuestra felicidad y bienestar. Sabemos que hay infinidad de elementos físicos que nos afectan, como la calidad del aire o el ruido. Pero en los humanos, el medio de crecimiento de las células es la sangre, y la química de la sangre es controlada principalmente por la mente consciente. Por ejemplo, con el miedo se desencadenan reacciones químicas para la defensa o estrés. Sin embargo, el sentimiento de amor libera una química que genera salud y bienestar por sus ondas de campo beneficiosas. Así que si queremos crear un entorno favorable también tendremos que lograr que este beneficie nuestra mente, emoción y espíritu, e incorporar los cinco sentidos.

El orden acogedor

La distribución de estancias y el mobiliario influyen en nuestro bienestar. Así, evitar ponerse de espaldas a puertas o zonas de paso, por ejemplo, nos genera seguridad.

Sin químicos

El mobiliario tratado con barnices naturales o pinturas ecológicas elimina sustancias potencialmente nocivas que pasan al aire y podemos acabar respirando.

Rodearse de belleza para cumplir nuestro proyecto

Nuestro destino está en movimiento. El ADN, a modo de plantilla, escribe una realidad u otra dependiendo de la información que le llega de su entorno, y lo hace matizando nuestra percepción y creencias. Así, dormir bajo una estantería con objetos crea inseguridad (podría caer algo) y puede reducir el rendimiento intelectual y afectar a los riñones. Rodearnos de verde reduce el estrés, beneficia al hígado, calma la vista y aumenta la capacidad de trabajo y la atención.

La belleza nos conecta con la inmensidad que somos. Resonamos con sonidos armoniosos, perfumes, colores y texturas diversas, geometría, y ondas de formas armónicas, cristales y gemas, luz… Con todo ello podemos hacer de la arquitectura un lugar para vivir plenamente.

Blancos y tierras, los tonos claros y conectados con la paleta cromática de la naturaleza crean ambientes luminosos y optimistas.

La vegetación proporciona aislamiento térmico y acústico, es un eficaz filtro anticontaminación, nos “reconecta” con la naturaleza y ejerce una influencia positiva en nuestro ánimo.

Hay materiales aislantes que actúan para que no se produzcan grandes cambios de temperatura en el interior de la casa, la clave está por apostar por productos naturales, reciclables, libres de sustancias tóxicas, que permitan que las paredes “respiren” y mantengan un confort térmico y acústico óptimo y muy saludable. Estos son el mejor abrigo

Decora y mejora tu salud.

Elena Rodríguez Tato.

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